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Socio de Honor | López-Otín defiende en Gijón que Oviedo 2031 es «un proyecto colectivo» de toda Asturias

Carlos López-Otín, Socio de Honor de Compromiso Asturias en 2012, llenó de emoción el Teatro Jovellanos con una charla sobre la vida, la adversidad y la imperfección, y reivindicó Oviedo 2031 como un proyecto de toda Asturias.

Ayer asistimos al Teatro Jovellanos de Gijón a la conferencia y presentación del último libro de Carlos López-Otín, dedicado a Sammy Basso*. López-Otín emocionó al público con un relato apasionado, humanista y optimista de la existencia, en el que la muerte, la adversidad y la imperfección son compañeras inseparables de la vida. «La vida es el mejor ejemplo que conozco de realismo mágico», afirmó. Y defendió que hay que aceptar la fragilidad como parte de lo que somos, y con ella valores como la gratitud, la generosidad y la amabilidad.

Oviedo 2031: «también es Asturias»

Esa amabilidad conecta con «Amabilidá», el lema de la candidatura de Oviedo como Capital Europea de la Cultura 2031: un proyecto que no se limita a la capital, sino que pertenece a toda la región. López-Otín lo describe como una propuesta abierta y rigurosa, un proyecto colectivo para mejorar la educación y la cultura de nuestro entorno, capaz de «sembrar semillas de futuro» sobre todo entre los más jóvenes. Reconoce que Asturias hoy para él es «un verdadero lugar en el mundo».

Desde Compromiso Asturias colaboramos con la candidatura y con todo el proyecto, y compartimos esa convicción: la capitalidad europea de la cultura será grande si la sentimos como propia desde Gijón, Oviedo, Avilés, Mieres y cada rincón de Asturias, y también desde la diáspora asturiana.

Gracias, Carlos, por seguir acercando la ciencia y la cultura a Asturias con tanta humanidad.

* Sammy Basso: Un joven biólogo italiano que convivió con la progeria, una enfermedad rara que acelera el envejecimiento, y se convirtió en el paciente más longevo del mundo. Falleció en 2024, a los 28 años. Lejos de resignarse, fue investigador y un divulgador muy admirado, pues colaboró en el desarrollo de una terapia con CRISPR para la progeria, probada en ratones, y realizó su trabajo de fin de grado en el laboratorio de López-Otín, en la Universidad de Oviedo. Se conocieron cuando Sammy tenía 12 años, y de aquel encuentro nació una amistad que duró el resto de su vida y que el libro recoge.