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Ramón Rubio en la jornada de Fundación Orange: «menos prohibición y más «exposoma digital»

La Fundación Orange reunió en Asturias a expertos, docentes, instituciones y alumnos en una jornada centrada en la Protección de la infancia y la adolescencia en entornos digitales. Entre las voces destacadas estuvo nuestro colaborador Ramón Rubio, quien ofreció la ponencia «Educar en la incertidumbre», donde invitó a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de nuestra relación diaria con las pantallas.

Ramón comenzó su intervención recordando el abismal salto tecnológico que hemos vivido: el smartphone que llevamos hoy en el bolsillo es millones de veces más potente que el rudimentario ordenador de apenas 75 KB que llevó al Apolo 11 a la Luna. Sin embargo, esta potencia descomunal viene acompañada de un vacío de previsión. Para explicarlo de forma cercana, el profesor recurrió a la sociología de la tecnología rescatando el dilema de Collingridge: cuando una tecnología aparece es fácil cambiarla, pero no conocemos sus efectos negativos; sin embargo, cuando estos efectos se hacen evidentes, la herramienta está tan integrada en la sociedad que es casi imposible erradicarla o modificarla.

«El mejor ejemplo es el grupo de WhatsApp de padres y madres del colegio», bromeó. Lo que empieza como una idea excelente para estar informados y unidos acaba, con el tiempo, generando mensajes a deshoras, presión por responder rápido, dinámicas de exclusión, cotilleos y ansiedad nocturna. «Cuando nos damos cuenta de lo que se ha generado, nadie sabe cómo salir de ahí, porque si te vas, te pierdes la información de la merienda o de la excursión».

Esa misma analogía se aplica a todo el ecosistema digital que rodea a los menores: llegó como una promesa completamente inocente y hoy gestionamos niveles complejos de dependencia y ciberacoso.

Primero su propia mascarilla de oxígeno

Frente a un futuro intrínsecamente impredecible, Ramón rescató las cinco claves de la empresaria Margaret Heffernan para manejarse en un mundo lleno de incertidumbres: preparación, colaboración, experimentación, imaginación y valentía.

Al desgranar el concepto de «estar preparado», interpeló directamente a la responsabilidad de los adultos. Citando los protocolos de seguridad de los aviones, recordó que la norma exige colocarse la mascarilla de oxígeno uno mismo antes de intentar ayudársela a poner a los niños. «En el entorno digital pasa exactamente lo mismo: los adultos debemos ponernos primero la mascarilla de la seguridad y el ejemplo».

No tiene sentido prohibir las pantallas el fin de semana de forma tajante si somos los primeros en estar pegados al móvil a todas horas o aislados viendo contenidos individuales. Una familia protege mucho más entablando conversaciones constantes y preguntando de forma genuina cómo se sienten sus hijos tras usar el dispositivo que recurriendo únicamente al castigo.

Del tiempo de pantalla al «exposoma digital»

Uno de los momentos más interesantes de la intervención fue la introducción del término exposoma digital, una brillante adaptación del concepto médico que determina que la gran mayoría de nuestra salud viene condicionada por los estímulos del entorno y no solo por la genética. En las redes y dispositivos, este exposoma lo componen los algoritmos, los vídeos recomendados por ganchos de atención, las notificaciones que interrumpen el descanso, las cuentas ocultas y la presión comunitaria.

«La pregunta ya no es cuánto tiempo pasan conectados nuestros jóvenes, sino cómo están conectados y qué les pasa por dentro mientras lo están». En este sentido, defendió que el debate educativo no puede encallarse en la simple y estéril dicotomía de «móvil sí o móvil no» en las aulas. Es necesario acompañar y enseñar a convivir con la tecnología, llegando a vaticinar que, en un futuro cercano, incluso los exámenes de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) deberían plantearse permitiendo el uso integrado y maduro del teléfono.

Contar con los jóvenes para romper el silencio

Ramón Rubio se dirigió directamente a los estudiantes asistentes a la jornada. Lejos de verlos como la raíz del problema, los situó como la pieza maestra de la solución: «No tenemos que decirles a los jóvenes cómo usar la tecnología; tenemos que contar con ellos para aprender a usarla juntos».

Ellos dominan los códigos actuales, entienden qué emoticonos son los que realmente hieren, qué grupos agobian y qué sutiles silencios son los que verdaderamente excluyen en las dinámicas digitales contemporáneas. Haciendo eco de la mítica frase del entrenador de fútbol David Vidal—«¡Hay que hablar!»—, Rubio advirtió que los mayores peligros del entorno digital (el ciberacoso, la presión estética o la pornografía) crecen precisamente cuando se gestionan desde el aislamiento, el silencio y el miedo a pedir ayuda.

Un truco de magia

Para clausurar su ponencia, Ramón Rubio propuso una dinámica interactiva que despertó la sorpresa de los asistentes al hemociclo de la Junta General del Principado de Asturias. Pidió a todo el público que sacara su teléfono móvil y abriera la aplicación de la calculadora. Les guio para multiplicar el año 1957 (año aleatorio propuesto por Juan Cofiño) por el año 2026 (otro número aleatorio propuesto), y sumar al resultado la cifra 502.296.238.

Al presionar el botón de igual, las pantallas de todos los asistentes mostraron por arte de magia el mismo número: 506261120. Un impecable juego numérico ideado para dejar grabado de forma imborrable el momento presente: el 5 del 06 de 2026 a las 11:20 horas. La coordenada exacta del día y hora del momento.

Con esta intervención de Ramón, nos deja claro que el futuro de nuestra región también se está decidiendo hoy en las pantallas de los más jóvenes. Proteger a la infancia en la era de internet no pasa por levantar muros ni prohibir a ciegas, sino por tener la valentía de escuchar activamente a las nuevas generaciones y liderar con el ejemplo de los adultos, transformando la incertidumbre tecnológica en un entorno digital mucho más humano, seguro y consciente para Asturias

Desde Compromiso Asturias queremos agradecer a la Fundación Orange por habernos invitado a formar parte de una jornada tan necesaria, y dar la enhorabuena a Ramón Rubio por una intervención brillante.