«Hay que buscar un lugar sin obstáculos en el horizonte, porque el Sol estará bajo, y comprobar que el eclipse se ve desde allí, porque sería una faena llegar y encontrarse con una montaña o un árbol tapándolo»
Pedro Rodríguez Inciarte, expresidente de SATO y socio de Compromiso Asturias XXI, es asturiano, pese a que «lo nacieron» en San Sebastián. Estudio en Oviedo y Madrid, y tiene en el concejo de Llanes su segunda residencia. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, es un gran aficionado a la astronomía. Este martes, a las 20:00 horas, dará una charla sobre el eclipse en el Casino de Llanes, del que es socio.
–¿De dónde le viene su afición a la astronomía?
–De mi abuelo, el vasco, que era ingeniero de minas y una persona de gran cultura. Lo conocí poco tiempo porque falleció en 1964, cuando yo no había cumplido 14 años, pero recuerdo que estaba escribiendo un libro titulado «Isis, Osiris y Horus», sobre las posiciones galácticas y la creación del universo. Al ver aquellos cuadernos me entró la curiosidad. Luego aprendí mucho en la mili, haciendo guardias en noches estrelladas con un compañero que sabía bastante. Después me compré un telescopio y empecé a leer.
–¿Cómo surge la oportunidad de dar esta charla en el Casino
–Cuando se formó la nueva junta del casino, me apunté enseguida porque quería colaborar. Yo estaba empeñado en organizar una noche astronómica, quizás en los Picos de Europa, pero no cuajó por los compromisos de agosto. Sin embargo, al hablar del eclipse, gente de la junta me propuso dar una charla. Acepté y me lo he preparado.
–¿Qué va a contar en la charla?
–Habrá una breve introducción sobre la formación del sistema solar. Luego explicaré qué es un eclipse de Sol, qué fenómenos se pueden ver: la corona solar, la cromosfera, las perlas de Baily, las bandas de sombra… cosas que si no te lo dicen, no las ves. Hablaré de la reacción de los animales, de la bajada de temperatura… La idea es, si el tiempo nos lo permite, que disfrutemos de una ocasión única. Dada su diferencia de tamaño, es una casualidad que el Sol y la Luna se tapen con tanta precisión.
–¿Cuándo se vio el último eclipse total en Asturias?
–En 1860. Fue el eclipse que contempló Santiago Ramón y Cajal con ocho años y que, según dijo, le despertó su afición por la astronomía, la investigación y la ciencia.
–Además de los aspectos científicos, ¿qué más abordará?
–Contaré cómo ayudaron los eclipses al desarrollo de la ciencia, y también su relación con la historia y el arte. Por ejemplo, la batalla de Simancas, en el año 939, donde Abderramán III fue derrotado por Ramiro II de León. Ocurrió poco después de un eclipse total: los cristianos lo vieron como un símbolo divino de victoria; los musulmanes, de derrota. También está la batalla del eclipse de Tales, en el 585 a.C., entre medos y lidios: cuando el día se volvió noche, interpretaron que era un mensaje de los dioses, pararon de luchar y firmaron la paz. Y en relación con el arte, mencionaré la película «El eclipse» de Antonioni, «Tintín y el eclipse del templo del Sol» o la novela de Mark Twain «Un yankee en la corte del Rey Arturo».
–¿Cómo han interpretado los eclipses las diferentes culturas?
–Las culturas mediterráneas y tropicales siempre los han visto como algo perturbador y negativo. Incluso la palabra «eclipse», del griego, tiene connotación negativa en español. Para los mayas también era negativo. En cambio, los de Tahití y los aborígenes australianos lo veían como algo positivo: para ellos el hombre era la Luna y la mujer el Sol, y la ocultación era una cópula. Los inuit lo veían de forma más confusa. En todo caso, un eclipse total es una oportunidad única en la vida. Yo no he visto ninguno y probablemente no vuelva a ver otro. La próxima vez que se vea un eclipse total en Asturias será quizá dentro de cien o doscientos años.
–¿Qué recomendaciones daría a quienes quieran verlo?
–Primero, no mirar al Sol a ojo desnudo. Hay que usar gafas homologadas y, para los niños, extremar la precaución porque se pueden sufrir daños graves en la retina. Segundo, conviene buscar un lugar sin obstáculos en el horizonte, porque el Sol estará bajo. Hay que comprobar que el eclipse se ve desde allí; sería una faena llegar y encontrarse con una montaña o un árbol tapándolo. Y, por supuesto, intentar observar la corona solar y los fenómenos que solo se ven durante la totalidad. Durante la fase de totalidad, que es muy breve, se pueden quitar las gafas para ver la corona, pero hay que volver a ponérselas en cuanto la Luna empiece a dejar de tapar el Sol.

Pedro Rodríguez Inciarte, ayer, en la finca de su casa de Llanes. / Ramón Díaz
–¿Dónde lo verá usted?
–Estaré atento a la predicción meteorológica. Si el tiempo lo permite, quizá suba a Los Resquilones, un sitio que me gusta mucho. Pero si veo que va a hacer mejor tiempo, me iré a Villamanín. Claro, se oscurecerá el día en cualquier caso, pero para ver la totalidad conviene buscar cielos limpios.
–¿Cuánto durará el eclipse?
–Será breve. En Oviedo, la fase de totalidad será de un minuto y 40 segundos. En Llanes, un poco menos, un minuto y 32 segundos. Los eclipses totales pueden durar hasta ocho minutos. El proceso completo, desde que la Luna empieza a tapar el Sol hasta que se va, dura unos 45 minutos. Y una curiosidad: el eclipse se verá del Oeste al Este, al revés de lo que uno podría pensar.
–¿Qué papel han jugado los eclipses en la ciencia?
–Han sido fundamentales. En 1919, una expedición confirmó la teoría de la relatividad de Einstein al demostrar que la luz se curva cerca de un gran campo gravitatorio. También el helio se descubrió observando un eclipse en la India. Y gracias a los eclipses registrados por los chinos hace más de 3.000 años, la NASA pudo calcular que la Tierra se ralentiza: 1,8 milisegundos por siglo.
