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Artículo de Opinión | «Una industria rural moderna para el reequilibrio asturiano», por Avelino Acero e Ignacio García-Arango

Algunas ideas para el crecimiento del espacio rural

El domingo que inició la semana de los Premios un editorial de La Nueva España lanzó el mensaje más importante de la misma, al decirnos que Asturias dispone de un tesoro que no siempre sabe valorar, un espacio para prosperar y convertir en oportunidades los obstáculos. Esa propuesta es hija de la idea nacida durante la fiesta de la España Plural con la que Prensa Ibérica reivindicó la heterogeneidad como base para dar un nuevo enfoque a la pérdida de habitantes que sufren muchas comarcas.

Además de su capacidad para acoger población, nuestro territorio es la base para dotarnos del músculo necesario para prosperar que, como en todos los seres vivos, se fundamenta en saber que venimos al mundo desnudos, que debemos concienciarnos de dónde estamos y de qué tenemos voluntad de hacer. Asturias, que está en una charnela del planeta y en medio de una naturaleza favorable, sabe que no tiene capacidad de vivir de sí misma y que por ello tiene que abrirse para competir fuera, al igual que históricamente muchos hicieron emigrando. Ello exige tanto sinergia con nuestros vecinos, como el mencionado músculo interior, lo que implica darle vida e integrar a todo nuestro territorio en lugar de reducirlo al área central y a algunos núcleos aislados: o nos convertimos en un pueblo que cree sinergias y que ocupe toda la tierra o desparecemos.

Nuestra idea, como la de La Nueva España, tiene como prioridad el reequilibrio regional abandonado desde la presidencia de don Pedro de Silva, lo que exige conocimiento y voluntad. Ambos son muy asturianos pues el Conde de Campomanes ya propugnó trasladar mucha parte de la industria que se va a las ciudades hacia las aldeas y los campos. Por desgracia para nuestra tierra, el reequilibrio regional dejó de ser una prioridad para los gobiernos posteriores al de don Pedro.

Desde esa visión (la desarrollaremos a nivel de índice, pues detallarla rebasa en mucho a un artículo) y como la tierra quiere pueblo, hay que crearlo para dar vida al territorio. Lo primero es concienciarnos de que el nuestro está abandonado por lo que ni extraemos de él el valor añadido suficiente, ni ideamos actividades nuevas. Por ello se necesitan soluciones para que él campo sea competitivo agrícolamente tras vender productos elaborados, no solo carne y leche.

La acción para cambiar debe ser multifronte, pues a la mejora de la actividad agraria y la actuación sobre el espacio rural son, a la vez que convergentes, asuntos diferentes. Hay que ordenar nuestro territorio, organizar nuestro suelo y dotarlo de unas infraestructuras que permitan que lo que llamamos espacio rural sea soporte de las actividades, no sólo agrícolas y de su industria, no solo turísticas y de residencia permanente, sino también soporte de las nuevas tareas, pues parte de la nueva industria que puede ser la creada por los nuevos nómadas digitales que, al amparo de nuestras ventajas naturales y de las nuevas infraestructuras, pueden dotar a nuestro espacio rural de otro pueblo distinto al que surge del uso directo del territorio. Para ello es necesario aprovechar los factores esenciales de localización existentes en él para atraer a la industria innovadora.

En lo que es agricultura, hay que optimizar el aprovechamiento y cuidado de las mejores tierras de nuestras vegas, así como utilizar de la mejor manera posible las restantes. Lo primero es resolver la insuficiencia de tierras por el abandono de muchos que dejan las suyas estériles. Todo ello dentro de una atmósfera de proliferación de leyes inútiles y perjudiciales, burocratización, ausencia de un pensamiento territorial, falta de infraestructuras de todo tipo, necesidad de servicios… Por ello hay que hacer una nueva reforma agraria para, después de quitársela a las nuevas manos muertas, poner la tierra en producción. A continuación, hay que eliminar la depredación que de los bienes comunales han hecho las administraciones.

Lo siguiente a tener en cuenta es que el negocio debe ser sostenible, pues nada en déficit permanente es estable a largo plazo.

Dicho de otra manera, necesitamos un campo ordenado y con medios. El arado romano de hoy son la nueva maquinaria, los nuevos métodos de cultivo y las nuevas tecnologías.

No vamos a entrar en detalles, pero sí a decir que hay que buscar una dimensión mínima que haga rentables las explotaciones. A continuación, habrá que utilizar todas las medidas legales, de gestión, de ayudas financieras y de asesoramiento técnico para poder funcionar dentro de un mercado libre.

Una agricultura moderna no es nada sin una industria agraria que cree valor añadido. Ello implica logística, estructura, medios técnicos, publicidad y una banda ancha de primera para interrelacionarse con todo el mundo.

Como no basta con ordenar, liberar tierra y desburocratizar, también hay que hacer una agricultura actual para adaptarnos y satisfacer a una demanda creciente de gentes con hábitos, necesidades y preferencias cambiantes, todo dentro de un mercado globalizado y complejo.

Ello implica:

–Apostar por la I+D+i, la tecnificación y la digitalización.

–Dar el paso hacia la transformación digital y la sostenibilidad medioambiental.

–Integrar todas esas herramientas combinándolas con las otras tecnologías e innovaciones existentes, de ahí la importancia de que la cobertura de internet llegue a todo el territorio.

–Aprovechar el auge de una nueva revolución, en este caso biológica y relacionada con la genética.

–Comercialmente diferenciar y personalizar nuestra oferta y ponerla en valor.

Todo ello obliga a desarrollar las estructuras y modelos empresariales que permitan maximizar la producción, controlar los costes y abrirse a los nuevos mercados.

Una transformación tan radical como ésta no puede ser obra solo de los campesinos, ni acometida en una comarca aislada, sino que requiere un esfuerzo, conjunto y continuado de los diversos actores e instituciones, así como de la financiación a través de una colaboración público-privada para buscar fuentes alternativas de dinero.

Añadimos que ello exige modificar el modelo administrativo que tenemos. En Asturias, el que emprende no debe tener trabas constantes. Las autorizaciones deben ser rápidas, las subvenciones deben destinarse solo a quien las multiplique, la normativa debe ser la mínima, los impuestos adecuados, transparentes y esperables. La legislación no debe ser una maraña contradictoria. Y las tareas de control no deben ser una selva burocrática.

Además, el espacio rural puede ser, como ya dijimos, dotado de otro pueblo adicional tanto al agrario como a los otros que mencionamos.

Los trabajadores de los nuevos sectores serían unos inmigrantes de otro tipo fundamentado en las mencionadas nuevas comunicaciones y servicios digitales, lo que implica suministro universal de banda ancha y una cobertura adecuada de telefonía móvil para todo el territorio. Esto dará lugar a que sea igual el lugar donde se viva. Todos ellos son factores esenciales de localización para atraer a la industria innovadora, pues las condiciones de acceso a los mercados mundiales están hoy, en muchas actividades económicas, más ligados a la disponibilidad de acceso a la red que a otro tipo de infraestructuras físicas, así como a las economías de aglomeración.

En un país con estas infraestructuras, el ofrecer que, al acabar de trabajar, en vez de respirar aire contaminado se puede salir a pasear por el campo o a ayudar en una granja, da a Asturias un valor cuyo potencial ni nos imaginamos.

A todo y al espacio rural también, hay que darle un alma y esa alma es poner en valor la categoría de los pueblos.

El soporte de todo será una estructura territorial coherente, que conjugue la diversidad en una interrelación que vaya desde las aldeas a las grandes villas.

Sobre esta base podría generarse, en sinergia con nuestros vecinos, un proyecto global, para Asturias.

Avelino Acero e Ignacio García-Arango

Socio colaborador y partner de Compromiso Asturias

La Nueva España

Las opiniones expresadas son del autor, no reflejan necesariamente la posición de la organización.