Sobre cómo entender la computación cuántica, su convergencia con la inteligencia artificial y el posicionamiento de Asturias como polo emergente
l martes de esta semana, 14 de abril, se celebró el Día Mundial de la Cuántica. Es un momento idóneo para reflexionar sobre en qué punto nos encontramos ya más de un siglo después de que Werner Heisenberg sentara las bases de esta física en 1925.
Si alguno de ustedes se siente abrumado por la ola de cambio que supone la inteligencia artificial, no agote todas sus energías. No es nada frente a lo que supondrá su convergencia con otra ola en formación que impulsará a la IA en forma de tsunami tecnológico: la computación cuántica.
Este tsunami, basado en las características únicas de los ordenadores cuánticos, permitirá desarrollar algoritmos de IA mucho más complejos y eficientes. Hablamos de diseñar nuevos materiales o fármacos en días en lugar de años, optimizar el vuelo de enjambres de miles de drones o identificar enfermedades analizando patrones de una complejidad inalcanzable para la tecnología actual.
Este cambio disruptivo es posible porque los ordenadores que conocemos (a los que ya llamamos clásicos) funcionan bajo las leyes de la física macroscópica. En su nivel más elemental, trabajan con bits: unos y ceros. En cambio, los ordenadores cuánticos operan según las reglas del submundo atómico mediante qubits.
Para entender la diferencia, imaginemos que un bit es una moneda apoyada en una mesa, de modo que vemos la cara o la cruz. Un qubit, en cambio, es esa misma moneda girando. Mientras rota sobre sí misma, no ha elegido un estado definitivo: cara y cruz coexisten. Solo cuando la moneda se detiene (al medirla) vemos un resultado concreto. Esta naturaleza permite a estos nuevos ordenadores procesar múltiples posibilidades de forma simultánea en lugar de descartarlas una a una. Al encontrarse la capacidad de aprendizaje de la IA con esta potencia de cálculo exponencial, el resultado no es una mejora gradual, sino un cambio de paradigma.
La buena noticia es que no somos meros espectadores. Asturias no ve la ola desde la orilla, sino que la está navegando. Nuestra región es uno de los cinco polos emergentes identificados en la Estrategia de Tecnologías Cuánticas de España, junto con Galicia, País Vasco, Cataluña y Madrid. Este posicionamiento es fruto del trabajo colaborativo que, desde 2018, desarrollan el Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnologías (CINN), el Grupo de Investigación QHPC de la Universidad de Oviedo y CTIC Centro Tecnológico.
Ellos son la semilla de un ecosistema al que se suman empresas tecnológicas, el Cluster TIC y diversas industrias y empresas que ya están explorando las posibilidades de esta tecnología.
Además, Asturias destaca por nuestra capacidad para desarrollar tecnología propia, esencial para la autonomía estratégica de España y Europa. Contamos con capacidades únicas a nivel nacional en el desarrollo tanto de hardware cuántico (ordenador basado en átomos de Rydberg en desarrollo por parte del CINN), como en software (con el emulador de mayor capacidad de cómputo en España, desarrollado por CTIC y la Universidad)
Viene el tsunami. De lo que se trata es de aprovechar su energía para que la tecnología no nos arrolle, sino que nos impulse con fuerza hacia adelante. Estamos en el buen camino.

Pablo Coca