Sobre la necesidad de que Asturias dé un paso al frente
Siempre es importante y positivo hablar, debatir, compartir opiniones, discrepar… pero pienso que quizá llevamos demasiado tiempo hablando de lo que Asturias necesita. De lo que deberíamos cambiar, de los proyectos que habría que impulsar, de las oportunidades que no podemos dejar pasar, de la población que queremos atraer, del talento que necesitamos retener, de la industria que debemos transformar, del turismo que queremos consolidar. Todo eso está bien. Pero ha llegado el momento de hacer.
Porque una sociedad no se transforma sólo con diagnósticos. Ni una empresa crece con planes que no se ejecutan. Ni una comunidad se hace atractiva porque lo declaremos en un documento, salvo que el documento nos indique el camino, la hoja de ruta necesaria y nos pongamos manos a la obra para pasar de «las musas al teatro». Es muy sencillo: las cosas suceden cuando alguien decide hacerlas.
Hacer es convertir una idea en un proyecto, un proyecto en una inversión y una inversión en empleo, actividad y oportunidades. Hacer es asumir riesgos, tomar decisiones, equivocarse algunas veces y corregir si es necesario. Hacer es gestionar. Y gestionar bien significa, sobre todo, conseguir que las cosas ocurran.
Una organización que aspira a perdurar con éxito necesita decisiones valientes, eficiencia, talento y una cultura que entienda que ganar dinero no puede ser su única finalidad, pero tampoco un estigma. Como dijo Henry Ford, un negocio que aspira únicamente a ganar dinero es un mal negocio.
Por eso hacer también significa movilizar personas e impulsar el talento de los de casa. Generar ilusión, confianza y compromiso. Conseguir que quienes forman parte de un proyecto sientan que merece la pena trabajar por él. La ilusión no aparece por generación espontánea: también se gestiona. Y se gestiona ejecutando proyectos y presupuestos, dando responsabilidades, reconociendo el talento, aceptando que las opiniones de otros también son valiosas, ofreciendo oportunidades y demostrando con hechos que aquello que se anuncia termina sucediendo.
Esto vale para una empresa, pero también para una sociedad.
Asturias tiene mucho que hacer porque tiene mucho que ofrecer. Tenemos paisaje y paisanaje; calidad de vida; una tradición industrial y empresarial que forma parte de nuestro ADN; conocimiento, universidades, cultura, gastronomía, turismo y una posición privilegiada para participar en algunos de los grandes procesos de transformación que ya están en marcha.
Pero tenerlo todo no es suficiente. Hay que hacerlo valer. Y hacerlo valer significa facilitar que una empresa nazca, que otra crezca, que una inversión llegue, que un joven encuentre aquí una oportunidad, que quien se marchó pueda plantearse regresar y que quien está fuera vea Asturias no sólo como un lugar estupendo para visitar, sino como un lugar único para vivir, trabajar, emprender, invertir e, incluso –como alguien dijo en una ocasión–, siendo también un buen sitio para morir o dejar paso a la siguiente generación en el proyecto empresarial.
Para conseguirlo necesitamos menos literatura y más hechos. Menos anuncios y más ejecución. Menos proyectos eternamente en proyecto y más proyectos terminados. Porque los números, los presupuestos y las estrategias sólo empiezan a tener sentido cuando alguien los convierte en realidad.
Y aquí las empresas tenemos mucho que aportar. Conocemos la importancia de hacer más con los recursos disponibles, de medir resultados, de apostar por la calidad, de innovar, de asumir responsabilidades y de corregir aquello que no funciona. La eficiencia no debería ser una palabra reservada al mundo empresarial. Debería ser una exigencia compartida por todas las organizaciones, públicas y privadas.
También tenemos que hacer por el talento. Formar, atraer, retener y dar oportunidades. Conseguir que Universidades, empresas y Administraciones trabajen juntas no sólo para hablar del talento, sino para hacer que el talento encuentre aquí un lugar donde desarrollarse.
Y tenemos que hacer por quienes emprenden. Facilitar que pongan en marcha sus proyectos. Ayudarles a encontrar financiación. Acompañarles cuando asumen riesgos. Conectarles con otros emprendedores. Poner conocimiento y experiencia a su alcance. Y, sobre todo, transmitirles que Asturias no quiere simplemente que tengan buenas ideas: quiere que puedan convertirlas en empresas.
La tecnología también nos obliga a hacer. A cambiar. A transformar modelos de gestión, procesos y formas de relacionarnos. No todo lo nuevo es innovador, pero tampoco podemos utilizar la prudencia como excusa para no cambiar. Hay transformaciones que ya no son opcionales. La cuestión no es si van a ocurrir, sino si seremos capaces de protagonizarlas. Y hacerlo sin perder aquello que nos hace ser quienes somos.
Porque cambiar no significa renunciar a los valores. Al contrario. En un mundo cada vez más complejo, las buenas personas, la ética, el respeto, la responsabilidad y la verdad siguen siendo las mejores herramientas para construir organizaciones y sociedades sólidas, alejadas de intrigas más o menos palaciegas que sólo benefician al intrigante.
Quizá ese sea nuestro principal reto: hacer sin perder nuestra esencia y cambiar sin perder nuestro rumbo.
Asturias no necesita que le expliquemos constantemente lo que puede llegar a ser. Necesita que empecemos a demostrarlo, porque la ilusión también se construye. No se anuncia. No se describe. No se espera. La ilusión se hace.
Manos a la obra. Toca hacer.
