Seguimos sin cuidar como es debido a nuestros jóvenes. Hay que elevar la apuesta para retener y recuperar a los millennials y a la generación Z para que puedan desarrollar su vida profesional en la región.
De todos los desiderátums que he escuchado o leído durante esta última semana a caballo entre el año que expiraba y el que acabamos de estrenar destaco el pronunciado por David Rodríguez en la asamblea anual de Compromiso Asturias XXI ante una nutrida representación política, social, económica y empresarial de la región en un salón de actos del recinto ferial lleno hasta la bandera:
«El éxito profesional no puede ser algo que ocurra pese a vivir en Asturias sino gracias a estar en Asturias».
David Rodríguez, recién graduado en ADE por la Universidad de Oviedo, premiado como mejor expediente, se convierte en uno de los cientos de talentos que cada año salen de los centros universitarios y de formación profesional para enfrentarse al mercado laboral en esta comunidad autónoma. Esa que no acaba de cuidar como es debido a nuestros jóvenes y que les ha ido señalando el camino a irse fuera de Asturias porque aquí las oportunidades siguen siendo escasas, poco acordes a su preparación y bajo unas condiciones desesperantes para quienes buscan iniciar un proyecto de vida.
Asturias mantiene la tasa de desempleo juvenil más elevada del país, el índice de emancipación más bajo y solo uno de cada cinco jóvenes vive fuera del hogar familiar. El 30% de los que trabajan están sobrecualificados, la mayoría con contratos temporales o a tiempo parcial, sueldos muy inferiores a la media española y un 25% por debajo de lo que cobran los veteranos del sector. Más de la mitad de ese salario se dedica a pagar alquiler, vivienda compartida o hipoteca.
Estas penurias han sido comunes en muchos lugares, pero aquí provocaron un impacto notable: hemos perdido la mitad de la población de 18 a 35 años. Decenas de miles se marcharon a otras comunidades o al extranjero. Después de la pandemia, la región logró frenar el declive demográfico gracias a factores como la mejora de la comunicación ferroviaria con Madrid, enlaces aéreos y el atractivo de Asturias como refugio climático y destino para retiro, ocio y teletrabajo. Sin embargo, los jóvenes siguen sin encontrar el empleo al que aspiran.
Para retener talento o recuperarlo, hay que elevar la apuesta mejorando las condiciones para estar en Asturias. Ese es el mayor reto demográfico: no solo cantidad, también calidad. Si pretendemos armar bien el futuro, esto es especialmente importante.

Ángel M. González