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Artículo de Opinión | «Claves energéticas para un Noroeste industrial», por Javier Sáenz de Jubera

Invertir en baterías de almacenamiento y bombeos hidráulicos antes que en renovables y exigir redes de transporte, lo prioritario

EL MUNDO

Hoy somos 8.200 millones en el mundo y 1.500 millones de esas personas no tienen acceso a la energía. Seremos 10.000 millones en el 2050, y esos nuevos 1.800 millones que van a nacer en el segundo cuarto de este siglo lo van a hacer de forma mayoritaria en los países subdesarrollados.

Tenemos pues un problema universal del que apenas se habla. Es habitual fijarse el objetivo de emisiones Cero de CO2 en el 2050, pero nadie propone como objetivo que toda la humanidad tenga acceso a la energía en ese año, y creo que deberíamos de preocuparnos por lograr un mínimo de bienestar para todos los habitantes de nuestro planeta en esa fecha.

Eso nos exigirá inversiones significativas en nueva generación. Partiendo de que una parte importante de esta nueva generación sea renovable, vamos a seguir teniendo que invertir en combustibles fósiles porque, incluso aunque a nivel mundial dobláramos las inversiones actuales en renovables, nos quedaríamos cortos para cubrir las necesidades mínimas energéticas de la humanidad en 2050.

EUROPA

El reto de Europa en materia energética es en mi opinión reducir al máximo la dependencia energética de otras zonas del mundo. La apuesta por las renovables en los últimos años ha permitido a Europa ir reduciendo progresivamente la dependencia de las importaciones de gas de otros países. También la obligación de reducir la compra de gas ruso ha obligado a Europa a diversificar suministros.

Un ejemplo claro se ve si hacemos la comparativa de la situación europea cuando se inició la guerra de Ucrania con la situación actual con la guerra de Irán:

–En 2022 Europa compraba más del 40% del gas natural que consumía a Rusia, y la guerra hizo que el precio de gas se multiplicara por 5.

–Hoy, a pesar de que por el estrecho de Ormuz pasa un 20% del Gas Natural Licuado (GNL) que se consume en el mundo, a Europa solo le llegaba el 6% de ese gas y la guerra en Irán «solo» ha duplicado los precios de gas.

Es verdad que lo que Europa ha hecho básicamente en estos últimos 4 años es sustituir el gas ruso por gas USA (el 68% del gas que sale de USA viene a Europa) y también es cierto que el 80% de los paneles solares que llegan a Europa vienen de China.

Ambos datos no son positivos ya que seguimos a nivel europeo dependiendo de dos potencias que no parecen tener entre sus prioridades preocuparse por la «salud» energética de Europa. Lo que sí parece cierto es que hay que «agradecer» a Trump y a Putin que sean los auténticos impulsores de la transición a la generación renovable en Europa.

ESPAÑA

España, si nos concentramos en los precios de electricidad y gas (y en la disponibilidad de este último) no está saliendo mal parada de la crisis energética derivada de la guerra del Golfo. Tenemos precios de electricidad y de gas muy inferiores a los que tuvimos con el inicio de la guerra de Ucrania por 2 razones:

1) Tenemos mucha más generación renovable operativa, de tal modo que el gas solo marca precio en el mercado eléctrico el 15% de las horas (en Italia por ejemplo ese valor es el 90% y eso hace que su precio de la electricidad supere los 100 €/MWh). Este aumento de la generación renovable se debe tanto a la mayor potencia de generación renovable disponible como a las reservas hidráulicas (muy superiores a las de los últimos años) que se han acumulado en este último invierno.

2) El cierre de Ormuz apenas afecta a nuestras compras de gas porque solo el 2% de las mismas venían de allí. Nuestro principal suministrador en el primer trimestre de este año ha sido USA (37%), después Argelia (30%) y con Rusia (18%) en tercer lugar.

Se espera que acabemos el año con más del 60% de la energía eléctrica generada en España con origen renovable y tenemos un objetivo de que este valor supere el 80% en el 2030. Para alcanzar esa cifra, ¿debemos seguir apostando en España por inversiones en generación renovable o es quizás el momento de hacer más énfasis en optimizar el aprovechamiento de la generación que ya está operativa?

Creo que la respuesta es evidente si partimos del dato de que se espera que a finales de este año no se aprovechen para consumo final 3 TWh de origen renovable (el equivalente al consumo de 1,5 millones de hogares) por el desbalance horario existente entre producción y consumo y por la necesidad de asegurar la estabilidad de la red con generación síncrona.

Debemos pues focalizarnos a nivel español en inversiones que eviten esos efectos como:

A) Inversiones en almacenamiento de energía: baterías y bombeos hidráulicos

B) Inversiones en red que permitan su estabilidad, aunque tengamos presencia mayoritaria de generación eólica y fotovoltaica.

Otras medidas que ayudaran a lograr los objetivos de penetración en renovables y de descarbonización en lo que queda de esta década son, en mi opinión:

1) Fomentar las instalaciones de biometano: No se entiende que Francia tenga más de 200 instalaciones de este tipo con las consiguientes ventajas medioambientales (reducción de emisiones de CO2 y gestión controlada de purines) mientras que en España se cuentan las instalaciones existentes con los dedos de la mano.

2) Fijar criterios de acceso a los Nudos de las Redes Eléctricas que tengan en cuenta las necesidades reales horarias y que no «secuestren» potencia disponible las 24 horas del día cuando no resulta necesario.

3) Desbloquear las trabas administrativas que existen desde los tres ámbitos de la Administración (estatal, autonómico y local) para que los proyectos de renovables en proceso de autorización y ejecución avancen a un ritmo de autorización más próximo a los estándares europeos. ¿Tendría sentido como hacen en Dinamarca que un porcentaje de la propiedad de estos proyectos quedara en manos de los municipios donde se ubican? Quizás de este modo la contestación social que provocan se vería muy disminuida.

EL NOROESTE ESPAÑOL

Acabo este amplio resumen sobre la energía con lo más próximo, lo que afecta a nuestro territorio.

Aun siendo «pesado» en la repetición de los temas más relevantes, mi lista reducida de prioridades para el Noroeste es la siguiente:

1) Debemos priorizar inversiones en almacenamiento de energía (baterías y bombeos hidráulicos) antes que hacer nuevas inversiones en renovables. En el caso de las baterías, quizás deberíamos dar prioridad a proyectos que se ubiquen en zonas donde haya habido centrales de generación de carbón o donde haya instalaciones industriales de gran consumo: tendrán menos contestación social y menor necesidad de inversiones para conectarlos a la red de transporte.

2) Debemos exigir inversiones en redes de transporte y distribución eléctricas si queremos mantener cuotas de producción industrial en el Noroeste superiores al 20% del PIB. Lo primero que pide una industria para localizarse en un lugar o para ampliar instalaciones es disponibilidad de energía. Esa va a ser la «llave» a la hora de decidir inversiones. Un caso paradigmático en este punto es la necesidad imperiosa de ejecutar el nuevo Anillo Central de Alta Tensión en Asturias. No es admisible que una gran empresa como Asturiana de Zinc no pueda ejecutar una ampliación de instalaciones por no poder disponer de 3 MW de potencia adicional.

3) Hay que agilizar al máximo en los ámbitos autonómicos y municipales la concesión de permisos para este tipo de inversiones.

4) El biometano tiene que dejar de ser el «patito feo» en esta ecuación. El potencial de instalaciones de este tipo en el Noroeste es innegable. Aprovecharlo nos permitiría avanzar hacía modelos de granjas sostenibles.

Termino, todo lo anterior quedará en «papel mojado» si la sociedad civil no entiende que la descarbonización de la sociedad es tarea de todos y que esto supone en el ámbito particular de cada uno tomar decisiones que vayan en esa línea (instalaciones de autoconsumo solar, vehículos eléctricos) pero también en el ámbito colectivo ayudar a que las nuevas inversiones que se precisen (a corto y medio plazo, baterías, redes de transporte e instalaciones de biometano) sean una realidad.

Obviamente un mayor papel facilitador de las administraciones públicas será relevante para que estas nuevas inversiones se hagan realidad, pero sin un respaldo decidido de la sociedad perderemos el tren del progreso y nos convertiremos en una región de servicios y no en una zona donde podamos gozar de un alto nivel de calidad de vida en todos los aspectos.

Javier Sáenz de Jubera

Coordinador del Think Tank «Arcadio Gutiérrez» – Energía e Infraestructuras de Compromiso Asturias y presidente de APD

La Nueva España