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Entrevista | María Neira, Socia de Honor de Compromiso Asturias (2020) y candidata española a dirigir la OMS: “Los nuevos desafíos exigen más ciencia y mejor comunicación”

Nuestra Socia de Honor en 2020 y directora del departamento de Medio Ambiente de la agencia de salud de la ONU asegura que la credibilidad es más necesaria que nunca en una institución que atraviesa horas bajas tras la retirada de financiación de EE UU

Cada vez que alguien abre un grifo de agua, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está detrás de ese gesto: establece las normas que garantizan su calidad. “También está detrás de la definición de qué tiene que llevar una crema para protegerte de los rayos ultravioletas”, asegura María Neira (La Felguera, Asturias, 64 años), la española que aspira a dirigir la OMS, para explicar el impacto en la vida cotidiana de una institución que pasa por horas bajas después de la retirada de la financiación de Estados Unidos y el desplome de su autoridad.

Médica especializada en salud pública, ha trabajado con Médicos Sin Fronteras en crisis humanitarias como Ruanda o Centroamérica, ha dirigido la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y es la actual directora del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS. Llega a la carrera por el puesto más influyente en salud global decidida a recuperar la credibilidad y el impacto de la institución tras la covid-19 pese a los recortes drásticos de financiación. “Puedes tener una financiación buenísima y no tener impacto”, afirma en una entrevista celebrada un día después del primer debate entre los candidatos, organizado esta semana por el World Health Summit de Berlín.

Pregunta. Todos los candidatos a dirigir la OMS coinciden en que la institución necesita reformas. ¿Cuáles?

Respuesta. Tenemos que conseguir que la OMS tenga el mayor impacto posible. Para eso necesita una arquitectura sólida, unas finanzas estables y, sobre todo, un mandato muy claro: la OMS debe ser esa autoridad en salud global que establece estándares, que responde con los datos epidemiológicos y que ejerce una función, que para mí es la más poderosa: convocar a los mejores expertos del mundo para saber cuáles son los riesgos para la salud que pueden aparecer y cómo reducirlos.

P. ¿Por qué cree que la OMS perdió parte de su credibilidad desde la pandemia de covid-19?

R. La covid supuso una exposición enorme para la OMS. Antes de la pandemia, la OMS no se exponía nunca y tenía un impacto tremendo. Cuando te levantas y abres el grifo del agua, la OMS está detrás de esas normas que hacen que el agua no tenga ciertos elementos, para garantizar su calidad. También está detrás cuando viajas, por ejemplo, en cuestiones como el insecticida que llevan los aviones que van o vienen de ciertos países. O cuando utilizas una prevención para la malaria o te hacen un cribado de cáncer de mamá. La OMS era muy invisible a la exposición mediática, pero su impacto era y sigue siendo muy fuerte.

La financiación debe estar al servicio de unas prioridades bien definidas. Puedes tener una financiación buenísima y no tener impacto

P. ¿Cómo puede recuperar la OMS la credibilidad?

R. La credibilidad se gana porque tienes muy claras las prioridades y trabajas con los mejores profesionales de instituciones, universidades o de la sociedad civil, a los que vas a ser capaz de movilizar en nombre de la OMS. Y eso es oro que hay que saber usar, mucho más importante que el dinero en un banco. Cuando yo empecé en la OMS bastaba con decir “según la OMS” para que aquello fuera aceptado. Hoy vivimos en un mundo diferente y tenemos que aprender a comunicar mejor. Los retos que tenemos hoy son más complejos y mayores que hace apenas unos años, y por ello esa autoridad y esa credibilidad son más necesarias que nunca.

P. ¿Cuáles son esos grandes desafíos para la salud global?

R. El primero es lograr una transformación profunda en la prevención primaria. Tenemos que actuar sobre los factores que hacen que enfermemos. Eso implica trabajar con las ciudades, con las políticas climáticas o con la contaminación del aire. También debemos entender mejor fenómenos como la caída de la fertilidad humana. Al mismo tiempo siguen existiendo enfermedades infecciosas, pero cada vez tienen más peso las enfermedades no transmisibles, la salud mental, las neurodivergencias o cuestiones emergentes como los microplásticos y los disruptores endocrinos, que son sustancias químicas que se comportan como hormonas. Los nuevos desafíos exigen más ciencia y una mejor comunicación de la ciencia.

P. La financiación es uno de los grandes desafíos para la organización, especialmente tras la retirada de Estados Unidos. ¿Es sostenible el modelo actual, que depende en gran medida de las donaciones voluntarias a proyectos concretos?

R. Un grupo de trabajo hizo unas recomendaciones, que ya fueron aprobadas, para que las contribuciones obligatorias que hacen los Estados miembros cubran el 50% del presupuesto de la OMS de aquí al año 2030. Eso es importante porque permite garantizar que las funciones fundamentales no dependan de fuentes de financiación menos estables. Pero la financiación debe estar al servicio de unas prioridades bien definidas. Puedes tener una financiación buenísima y no tener impacto.

P. ¿Cree que hoy no están suficientemente claras las funciones de la OMS?

R. Existe una oportunidad para reenfocar la organización. Hay cuestiones que no se compran con dinero, como la influencia. La OMS puede influir enormemente en las políticas públicas simplemente utilizando su voz y su autoridad. Puede influir en alcaldes y alcaldesas de las ciudades, que es donde vive casi el 70% de la población mundial. Pero para tener esa influencia, debes tener credibilidad, y para ello, has de contar con los mejores profesionales. Nuestro mejor aliado es nuestra capacidad para convocar a la élite del conocimiento. Si la OMS conserva esa capacidad de convocatoria, tendrá la fuerza necesaria para afrontar, por ejemplo, cualquier pandemia futura.

P. En la arquitectura de salud global conviven con la OMS otros muchos actores, como organizaciones filantrópicas o no gubernamentales, que a veces compiten por los mismos fondos ¿Hay solapamientos?

R. Lo fundamental es concentrarse en aquellas funciones donde tiene una ventaja comparativa única: la evidencia científica, las recomendaciones, los estándares, los protocolos, la vigilancia epidemiológica o la capacidad de detectar amenazas emergentes. A partir de ahí hay que reconocer que existen otras instituciones que pueden desempeñar determinadas funciones igual o mejor. La discusión no debe centrarse en las organizaciones, sino en las funciones. Primero hay que identificar qué hay que hacer y después quién está mejor situado para hacerlo.

Hay que acabar con el hecho de que no haya agua potable en muchas partes del mundo porque es un determinante de nuestra salud fundamental

P. ¿Hay tareas que otras organizaciones podrían desempeñar mejor?

R. Yo empecé mi carrera en Médicos Sin Fronteras. En respuestas rápidas, movilización logística o despliegue sobre el terreno, hay organizaciones con una enorme capacidad.

P. Usted es una de las candidatas que mejor conoce la OMS desde dentro. ¿Es una ventaja o una desventaja en un momento en que muchos reclaman cambios profundos?

R. Creo que es una ventaja. Conozco la institución, pero además siempre he intentado identificar dónde se puede mejorar y avanzar. He visto cómo, incluso con pocos recursos, se pueden mover montañas.

P. Si fuera elegida directora general, ¿qué haría en sus primeros 100 días?

R. Lo primero, reunirme con mis colegas, abrazarlos, estimularlos, motivarlos, darles esperanza y decirles que aquí va a haber un ambiente de trabajo fantástico. Lo segundo, convocaría a todas las agencias e instituciones que trabajan con el agua: hay que acabar con el hecho de que no haya agua potable en muchas partes del mundo porque es un determinante de nuestra salud fundamental. También empezaría a poner en marcha esta antena para detectar todos los riesgos emergentes para los que necesitamos más ciencia y reforzaría el trabajo con la sociedad civil, las ciudades y las organizaciones profesionales. Además, me aseguraría de situar a las personas más competentes en los puestos donde más las necesitamos. Siempre he creído que una persona inteligente es aquella que se rodea de gente todavía más inteligente que ella.

P. ¿Qué cree que pesará más en la elección del próximo candidato, el currículum o la geopolítica?

R. No soy ingenua. Voy con mis credenciales por delante: tengo mucha experiencia muy global y de un espectro muy amplio. Creo en la OMS y en su misión. Creo que puedo movilizar y motivar muchísimo a las personas que trabajan en esta institución y cuento con un apoyo tanto de profesionales como de la sociedad civil. Hay mucha gente con la que he trabajado que cree en mí, pero sé que no son los que votan: los que votan son los países miembros. Por eso la geopolítica va a desempeñar un papel, aunque quiero creer que mis cualidades triunfarán.

María Neira

Socia de Honor 2021 de Compromiso Asturias

El País