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Artículo de Opinión | «Los agentes del caos», por Antonio Arias

IA, computación cuántica e internet de las cosas

Hace unos días me apuntaba un alto ejecutivo su temor ante la amenaza de una triple confluencia entre la Inteligencia Artificial (IA), la computación cuántica y el internet de las cosas. Algo que parece llevarse con discreción entre los iniciados, lejos de la popularización y el titánico esfuerzo de aquel Efecto 2000 que alertaba ante el cambio de milenio a los programadores y empresas por el uso de dos dígitos en lugar de cuatro y el posible colapso de sistemas e infraestructuras.

Esta nueva alineación planetaria tiene como primera amenaza la utilización de la inteligencia artificial de última generación para encontrar vulnerabilidades en las organizaciones. Sin ir más lejos, todas nuestras entidades financieras tienen hasta el 31 de octubre para enviar al Banco Central Europeo su plan de acción contra ataques potenciados por inteligencia artificial. No es un asunto solo para informáticos, sino una responsabilidad del máximo ejecutivo bancario de turno.

La IA es una gran ayuda en eficiencia y productividad, también para los delincuentes sin escrúpulos, que ya no necesitan un doctorado para desbloquear claves y hacer destrozos. Así, la última obra de Anthropic ha sido el primer ejemplo de esta doble cara, que ha ralentizado su despliegue comercial para preparar y blindar el terreno especialmente en el sector financiero. Recordemos que la Casa Blanca prohibió el uso de su modelo más potente para cualquier ciudadano no estadounidense. Comienza la guerra gubernamental por el control y uso de la IA.

En el ámbito específico de la auditoría, se usa el moderno concepto de «Agentes del caos» dentro de las estrategias de evaluación continua y auditoría disruptiva. Resumidamente, el auditor no pregunta «¿qué pasa si cae este servidor?», sino que el agente del caos tira el servidor deliberadamente mientras observa en tiempo real cómo reaccionan las alarmas, los sistemas de respaldo y el equipo humano. Existen, claro está, ciertas reglas de compromiso en la auditoría del caos. Se planifica bajo un marco muy estricto, con réplicas exactas para no afectar al ciudadano, al cliente o se observa el acceso no autorizado, cómo y por dónde se produce o qué efectos tiene. La mayor satisfacción se produce cuando el «hacker» trabaja para ti, sin saberlo.

En definitiva, para un auditor, el agente del caos es la mejor manera de certificar que un sistema es robusto: no creyendo en los manuales de procedimientos, sino sometiéndolo a pequeñas dosis de estrés controlado.

Aunque el nivel de protección de muchos entornos informáticos es alto, a medida que las empresas llenan sus oficinas, fábricas y almacenes de sensores, cámaras, termostatos y dispositivos inteligentes, abren una inmensa cantidad de «puertas traseras» que suelen escapar al radar de los controles tradicionales y que pueden suponer la segunda alineación. Es eso que llamamos el internet de las cosas, con una menor protección que puede afectar a muchas infraestructuras, desde oleoductos a presas.

Acabamos de conocer la detención en marzo pasado (¡gracias FBI!) de un ciberterrorista prorruso que saboteó servicios públicos y empresas de toda España. Así, bloqueó el sistema de riego inteligente de los jardines de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia; alteró los controles de medición de las cubas de fermentación de una bodega de Jaén; manipuló la dosis de cloro en sistemas de depuración en la red de suministro de agua; apagó los motores de un embalse de agua potable en Canarias y desactivó los hornos crematorios de un tanatorio levantino.

Por último está la endiablada velocidad de la computación cuántica, que representa una amenaza crítica y directa para la seguridad digital actual, hasta el punto de que los expertos hablan de un hipotético «Día Q» –para algunos en el final de esta década– el momento en que un ordenador cuántico sea lo suficientemente potente como para romper la seguridad de internet. Hoy, este tipo de supercomputadores exige un presupuesto multimillonario y una infraestructura científica brutal para mantenerlo frío. Mi asistente IA Gémini me tranquiliza diciéndome que la buena noticia es que el mundo tecnológico no está de brazos cruzados esperando y está librando una carrera contrarreloj. Las compañías tecnológicas están invirtiendo muchos recursos con anticipación.

La encriptación de las comunicaciones en internet se basa en la multiplicación de enormes números primos. Gracias a ese cálculo podemos abrir en el móvil nuestra app del banco con total seguridad. Por eso el Catedrático de Matemáticas Santos González fue el encargado de formar magistralmente a tantos ingenieros de telecomunicación e informáticos en su asignatura de Criptografía de la Universidad de Oviedo.

Sin embargo, la computación cuántica realiza cálculos matemáticos muchísimo más rápido que los ordenadores actuales de chips electrónicos. Estos sistemas cuánticos también pueden utilizar otros métodos de encriptación, permitiendo nuevamente un internet seguro. Que todo cambie para que todo siga igual.

Antonio Arias

Coordinador del Think Tank Educación y socio solaborador de Compromiso Asturias

La Nueva España