En el 215.º aniversario del regreso del prócer a Gijón
Hoy, hace 215 años, retornó Jovellanos después de diez largos años, siete de ellos en prisión en el castillo de Bellver. En cuanto llegó se puso a trabajar para levantar a un Gijón destruido por los franceses. Hoy haría lo mismo para solucionar los desastres actuales, de etiología variopinta, fundamentándose, desde del conocimiento de la realidad, en una acción rápida y discernida. Para ello, usaría sus conocimientos nacidos de una visión profunda del mundo, del humano y de la sociedad.
Hoy, el Foro Jovellanos considera que, siendo esencial el estudio de la persona y obra de Jovino, más importante (él fue un hombre de acción que hizo ciencia para apalancarla, no, por diletantismo) es utilizar su luz para iluminar nuestro camino en estos tiempos también de cambio de sociedad y de paradigmas vitales y económicos.
Don Gaspar consideró que España debía cimentarse en la educación, la moral, la justicia y el equilibrio social, bases del progreso, de la felicidad pública y de la libertad, que solo es inteligible en el marco de la ley, límite y horizonte de todos los «yoes», pues las leyes no deben ser fruto de las ideologías o de las ocurrencias de algunos humanos «inspirados», dado que solo son tales si son hijas de toda una sociedad, que únicamente se comprende si se consideran en su conjunto a su presente, su pasado y su futuro, de ahí su concepto de constitución histórica de España. Por eso, en una época de paso del absolutismo al sistema liberal, fruto de la Ilustración, y en un momento de cambio de paradigma, al saltarse desde una economía natural a la industrialización, consideró que la acción debía conciliar las razones de siempre con las ideas más modernas para aplicar ambas a cada momento presente, única manera de conseguir una nación articulada y solidaria.
A nivel vital consideró al bienestar económico fundamento de la felicidad humana, lo que exige crear riqueza, y después repartirla justamente para lograr una en la que todos pueden vivir dignamente de su trabajo (ese es un fundamento de los padres del liberalismo que frecuentemente se olvida), lo que se consigue dejando crecer la libertad humana, fruto del motor del universo que es la evolución. Él lo sintetizaba en las palabras «libertad», «luces» y «auxilios públicos», dentro de una sociedad con pocas y buenas leyes. Por eso, desde el principio del interés propio, analizó el marco en que los agentes económicos toman sus decisiones. Después, estudió y describió los «estorbos» que bloqueaban la economía que subdividió en «políticos, morales y físicos». De ahí salieron los tres principios, que en términos de hoy son libre mercado, educación, inversión pública y colaboración público-privada.
Sobre ello se cimentó toda su doctrina y en la escala de Asturias sus conocidas acciones para crear una industria basada no solo en el carbón, sino en actividades varias, su estrategia para el puerto de Gijón y las carreteras, así como la creación del Instituto para hacer una enseñanza enfocada hacia las necesidades sociales y no en interés de los profesores. No nos extendemos salvo en decir que todas sus actuaciones estaban subordinadas a una política económica dirigida hacia una meta.
Desde el año 2016, el Foro Jovellanos lucha por que las ideas de nuestro prócer sean el faro que guíe a una Asturias que está sumida en un régimen estamental, anacrónico en un entorno mundial abierto y competitivo. Sociedad que ha perdido la oportunidad de reconvertirse con las ayudas recibidas tras varias crisis industriales y que veía ya entonces en el horizonte el cambio de paradigma hacia una economía descarbonizada y digitalizada en un mundo al que debemos abrirnos. Para conseguirlo tenemos que avanzar hacia la Nueva Frontera tras crear una economía que funcione para lo que la sociedad tiene que ser innovadora.
Ello implica, mediante el sosiego, el discernimiento y la finura al pensar, salir desde un sistema cerrado y aislado al aire libre, que es donde podemos progresar, porque nuestro tamaño no nos permite por nosotros mismos generar la riqueza suficiente. Ello debe hacerse desde nuestras ventajas naturales, desde nuestra situación geográfica que se ha vuelto favorable y desde nuestro potencial que solo alcanza significado con la unión sinérgica de todas las regiones del Noroeste Ibérico (repetimos que individualmente muy pequeñas, pero unidas el núcleo de una macroregión atlántica con significado mundial, porque somos la entrada marítima a Europa hasta por el Ártico). Y además España es la frontera más importante de la Tierra: la que existe entre Europa y África. Ello además moverá a la mencionada Europa hacia su oeste. Para ello, debemos hacer funcionar a todas las regiones en red con una planificación, dirección y desarrollo coherentes en comunicaciones físicas, energéticas, inalámbricas y digitales. Y financieras, que son la sangre de todo.
Detallar lo anterior sería muy largo y además se pueden leer nuestras notas diarias en las redes, así como casi 200 artículos que guarda la hemeroteca de La Nueva España. Por ello, solo vamos a recordar el inicio, que fue pedir que se reactivase nuestro ferrocarril a la Meseta, pues el magnífico proyecto iniciado por don Francisco Álvarez Cascos para hacer un tren con condiciones como las europeas se paralizó en 2009 y hasta Gijón sigue habiendo un ferrocarril, digamos del siglo XIX. Y también el final, pues hay que insistir en que todo debe realizarse desde una visión global fundamentada en el conocimiento de la realidad, de los medios disponibles, de las ventajas comparativas y de los inconvenientes para después de discernir acerca de los caminos posibles.
Han pasado 10 años y hasta ahora jamás hubo una política económica que tuviese una visión global para marcar un rumbo con unos objetivos claros y con una política sectorial, tanto para la ordenación del territorio como para el campo, así como para la industria agraria, para la convencional, para el turismo, para logística… La consecuencia es una historia triste. Asturias, que producía energía, fue pionera europea en la destrucción de todas sus fuentes y no ha creado las alternativas porque cualquier intento se rompe debido a que siempre hay asturianos que se oponen a lo nuevo.
Por otro lado, como hay que entretener a la gente, se plantean periódicamente anuncios de alguien que nos traerá riqueza. Surgieron así el hidromocho, la desaparecida siderurgia integral de Arcelor, la inexistente red de hidrógeno conectado a Europa, la red eléctrica que no hay, las fábricas de coches y de baterías, la red de comunicaciones marítimas y terrestres inexistentes con un puerto de Gijón paralizado, sin red logística, la defensa que pinta mal y hasta el humilde queso de Cabrales, también amenazado. Por eso, continuamente se lanzan anuncios para esperanzar a los votantes.
El resumen es que estamos mucho peor que hace diez años: sin energía, sin industria, sin comunicaciones, sin enseñanza, sin innovación y sin nada. Y, lo que es peor, sin una planificación rigurosa y desarrollada firmemente. A cambio, todos los días hay latifundios de palabras vanas a los que llamamos planes, que presentamos al son de la orquesta del «Titanic». Por otra parte, estamos rodeados de competidores tales como el País Vasco, de quien depende la existencia del actual Gobierno español, y Portugal. El Noroeste no está unido.
No vamos a repetir cómo se hace y se ejecuta un plan, lo que requiere inteligencia, rigor, entereza, unión y valor, pues también lo podéis leer en nuestros artículos. Pero sí a decir que, como llorar sobre la leche derramada es estúpido, hay que levantarse para que Asturias siga viva. Ello requiere tener primero un alma generosa y después saber cómo hacer, lo que exige discernir y después marcarse unos objetivos, tener una estrategia y desarrollarla a través de planes sectoriales para avanzar todos de la mano sin echarse zancadillas mutuas.
Reconocemos que nuestras llamadas han fracasado, pero Asturias no puede fracasar. Por eso, tiene que decir «no». Y, por eso, insistimos en abrir las ventanas de nuestra habitación cerrada al aire del mundo para conquistarlo, tal como hicieron y hacen nuestros emigrantes. Para homenajearlos os recordamos a uno egregio, don Pepín Corripio, también agradecidos por el premio que ha otorgado al Foro Jovellanos la Fundación Corripio Alonso.
Avelino Acero e Ignacio García-Arango
Socio colaborador y partner de Compromiso Asturias
