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Artículo de Opinión | «Los asturianos y el inglés», por Adrián Gordaliza

Traigo dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que Asturias está entre las Comunidades Autónomas de España con mejor nivel de inglés. Tanto Gijón como Oviedo superan la media nacional, por encima incluso de ciudades mucho más turísticas como Málaga, Sevilla o Alicante. Algo estamos haciendo bien.

La mala es que, a nivel europeo, nuestro país sigue a la cola en cuanto al dominio operativo del inglés. De los 123 países evaluados en el muestreo, España ocupa una discreta posición 36, muy por debajo de lo que debería corresponderse con un país altamente desarrollado de Europa. Algo estamos haciendo mal.

Los datos al respecto son muchos y muy interesantes. Provienen de la compañía sueca EF Education First, uno de los líderes y pioneros mundiales en la enseñanza de lenguas y educación internacional. Se trata de un estudio realizado a escala global entre más de dos millones de adultos.

No sorprende que los primeros puestos los ocupen países europeos con poblaciones relativamente pequeñas donde el manejo del inglés es más una necesidad que una opción. De hecho, tenemos que llegar hasta la posición número 13 para encontrar un país no europeo en la lista (ver Tabla 1). La excepción es Alemania que ocupa el cuarto lugar, y con más 83 millones de habitantes es el país más poblado de la Unión Europea.

Hay varios factores que explican este éxito lingüístico germánico. En primer lugar, tienen una lengua nativa emparentada con el inglés, lo cual puede facilitar su aprendizaje. En segundo lugar, el inglés no es una asignatura más en la escuela sino una parte fundamental del currículo. El idioma se enseña y se utiliza de manera práctica, leyendo, escribiendo o hablándolo en las clases. Otro factor a tener en cuenta es el carácter pragmático a nivel cultural, es decir que no tienen la reticencia de otros países—como España, Italia o Francia— a ser “colonizados” culturalmente por el mundo anglosajón. Persiste en España —en algunos ámbitos— una mentalidad defensiva, “que aprendan ellos español”. Como profesor de español que soy, puedo asegurar que lo están haciendo también. Nuestro idioma es en muchos países la segunda lengua más estudiada (por detrás del inevitable inglés).

A simple vista, podría parecer que el uso y competencia del inglés es cosa de jóvenes, pero nada más lejos de la realidad. El tramo de edad entre los 18 y los 20 años es el que puntúa más bajo en España. Pero eso no es todo, el nivel de los más jóvenes ha descendido dramáticamente desde el confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19, aunque la tendencia a la baja ya venía consolidándose en años anteriores.

Esto parece demostrar que el lugar donde realmente se aprende inglés no es en la escuela —algo que ya sospechábamos algunos teniendo en cuenta nuestra experiencia personal. Y es que aprender una lengua en una clase con 30 alumnos y un profesor (dejemos a lado una competencia de los enseñantes) no es ideal.

El nivel de inglés de los asturianos puede parecer un tema frívolo. Muchos pensarán que no es relevante para una región como la nuestra, pero si no queremos permanecer aislados y desconectados del mundo, tenemos que hacer un esfuerzo. Nos guste o no, resulta indispensable para atraer empresas, inversión internacional y trabajadores cualificados de otros países. Una de las principales barreras para las compañías y los trabajadores internacionales es la cuestión lingüística; saber que pueden comunicarse en inglés —aunque sean los primeros meses— es un alivio.

Y lo cierto es que nunca lo hemos tenido tan fácil para aprender una lengua extranjera—sea inglés o cualquier otra. Hoy la IA nos permite practicar las cuatro habilidades lingüísticas básicas: hablar, leer, escribir y escuchar. Podemos personalizar los temas a tratar, el nivel de los textos o audiciones e incluso autoevaluarnos.

Nos falta, a diferencia de lo que ocurre en otros países, hacer del inglés una prioridad en las escuelas desde la primaria. Exponer a los niños a contenidos audiovisuales en inglés sería un primer paso. Se necesita también formar a profesores y educadores en las tecnologías digitales aplicadas a la enseñanza de lenguas. Como he destacado anteriormente, las posibilidades que brinda la IA son innumerables en este campo, pero no siempre se sabe cómo adaptarlas al aula o al uso práctico y sistemático.

El sector de población más olvidado, sin embargo, es el de los mayores y jubilados. Aquí hay todavía mucho por hacer y afortunadamente no se requieren demasiados recursos para hacerlo. Cada vez hay más términos y expresiones inglesas que se infiltran en nuestra vida diaria y en tanto que son inevitables, mejor sería que se explicaran y desmitificaran de manera didáctica y accesible. Cursos de “inglés para mayores” no es ninguna frivolidad ya que no podemos seguir excluyéndolos por falta de competencia lingüística.

Para terminar, me permito citar las palabras del filósofo Ludwig Wittgenstein cuando decía que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

Adrián Gordaliza Vega

Socio Colaborador de Compromiso Asturias y profesor en el Instituto Cervantes de Londres.