Asturias presenta uno de los momentos más críticos en materia de vivienda de las últimas dos décadas. Lo que antes se percibía como un problema localizado —principalmente en Gijón y Oviedo— ahora se ha convertido en una amenaza estructural para el desarrollo social, económico y demográfico de toda la región.
Las consecuencias son especialmente graves para nuestros jóvenes, que se enfrenta a un mercado donde los precios suben mucho más rápido que los salarios y donde cada vez resulta más difícil emanciparse, formar un proyecto de vida o familiar o, simplemente, permanecer en la ciudad donde han estudiado o trabajan. La vivienda, lejos de funcionar como un derecho básico, se ha convertido en un mecanismo que expulsa talento y bloquea las oportunidades de futuro para Asturias.
Un ejemplo evidente es el mercado inmobiliario en Gijón, que ya en 2025 mostraba señales evidentes de bloqueo. La venta de viviendas se aleja de los récords de 2024 debido a la pérdida de poder adquisitivo del comprador local, y aunque las operaciones descendían, los precios siguen tensionados y se resisten a bajar. Esta situación está provocando que la demanda se desplace hacia concejos más asequibles como Carreño, Siero o Villaviciosa: uno de los síntomas más visibles de un fenómeno que afecta directamente a la juventud asturiana y en la creciente imposibilidad de acceder a una vivienda en su propia ciudad (El Comercio, 2025).
La juventud: el colectivo más desprotegido
Muchos jóvenes profesionales están pagando 700 u 800 euros de alquiler por pisos que no garantizan estabilidad y que, según César Rodríguez Nozal, socio fundador de Agencia La Playa, “van a seguir subiendo”. Además, advierte que esta tensión no es coyuntural, sino estructural. Gijón, por ejemplo, arrastra una sobredemanda del 22% desde 2004, un fenómeno alimentado por la ausencia de vivienda asequible y de protección durante los últimos doce años. Esta escasez hace que los precios sigan subiendo incluso en un contexto de descenso de operaciones, dejando a los jóvenes fuera de la ecuación. La revisión de contratos agrava aún más este escenario: “En Gijón hay unas 34.500 viviendas de alquiler. Con contratos a cinco años, se puede decir que en torno a 6.000 familias tendrán que asumir este año, al menos, el riesgo de que los propietarios les suban el precio de sus alquileres».
Por ese motivo, para quienes intentan emanciparse o mantener su independencia, esto supone un shock económico difícil de sostener: subidas inesperadas, inestabilidad contractual y una sensación constante de vulnerabilidad ante cualquier cambio.
Rodríguez Nozal también señala que el problema no es únicamente económico, sino sistémico. En Gijón hay 8.000 viviendas vacías, muchas de ellas propiedad de familias que no se atreven a sacarlas al mercado por falta de “seguridad jurídica”. Esto bloquea aún más la oferta disponible y deja a los jóvenes prácticamente sin alternativas reales dentro de la ciudad.
Este conjunto de factores —alquileres elevados, escasez de vivienda asequible, falta de seguridad jurídica, sobredemanda crónica y desplazamiento obligado hacia otros concejos— convierte a la juventud en el colectivo más expuesto a la crisis residencial. Y tiene efectos directos sobre el futuro de la región: merma el relevo generacional, dificulta la implantación de talento y reduce la capacidad de Asturias para renovarse, atraer población joven y sostener su tejido económico.
Este problema no es nuevo para Compromiso Asturias
En el último coloquio con jóvenes asturianos en Madrid «Jóvenes y vivienda: futuro o supervivencia», ya se diagnosticaba una realidad preocupante: el acceso a la vivienda es uno de los mayores obstáculos para desarrollar un proyecto vital en Asturias o en cualquier gran ciudad. Este encuentro dejó claro que la vivienda no es solo un problema económico, sino un factor decisivo en la fuga de talento, en la planificación familiar y en la relación emocional de la juventud con su territorio de origen.
Puedes consultar el encuentro aquí:
