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Entrevista | «Asturias ya tiene una fuerza cultural enorme y una identidad que atrae incluso a quienes no nacieron allí», Mateo García

En Compromiso Asturias nos encanta compartir el talento de los asturianos, tanto el que se desarrolla desde dentro como desde fuera de la región. Hoy entrevistamos a Mateo García Menéndez (Oviedo, 2002), joven promesa que están empezando a tener un peso cada vez mayor en el panorama contemporáneo.

Mateo descubrió el arte como un espacio íntimo de exploración durante su formación en Oviedo y consolidó su lenguaje visual cursando Art & Design de Cambridge. Aunque estudió el grado de Maestro en Educación Primaria, su vínculo con la creación lo llevó a Madrid para especializarse con el Máster en Mercado del Arte.

Su exposición, Las formas del hábito, puede verse en la Sala Auditorio del Auditorio Joaquín Rodrigo (Las Rozas, Madrid) del 24 de enero al 26 de febrero. Con solo 23 años, Mateo se perfila como una de las voces jóvenes más sugerentes de su generación.

La raíz permanece, ¿qué papel ha jugado Asturias en tu formación como artista?

Asturias ha influido profundamente en mi formación artística, sobre todo a través de su cultura y de la manera particular que tiene la gente de relacionarse con el mundo. Crecí rodeado de una identidad marcada por la cercanía, la humildad y una forma de resistencia tranquila que siempre me ha inspirado. La tradición artesanal, la importancia de la memoria familiar y el valor que se da a lo cotidiano han moldeado mi sensibilidad y mi forma de entender el proceso creativo. Aunque el paisaje también está presente, es la cultura asturiana con su carácter, su ritmo y su manera de sentir, lo que ha podido definir mi mirada artística.

 

Presentar tu obra en Madrid y, además, a una edad tan temprana, constituye un hito relevante en cualquier trayectoria artística. ¿Qué representa para ti llevar arte hecho en Asturias a la capital?

Presentar mi obra en Madrid ha supuesto un momento de enorme ilusión, pero también de gran responsabilidad. Era la primera vez que mi trabajo de años se mostraba de forma individual e institucional, y eso implicaba que la obra debía sostenerse por sí misma ante un público amplio y diverso. Sentí que era un verdadero salto profesional, una oportunidad para ganar visibilidad y situarme en un contexto más exigente. Llevar arte hecho desde una sensibilidad asturiana a la capital representa, para mí, la posibilidad de mostrar autenticidad, frescura y una mirada cotidiana pero distinta dentro del panorama artístico actual.

 

¿Hay alguna obra de tu exposición que consideres especialmente conectada con tus raíces asturianas?

No siento que haya una obra concreta que se vincule directamente con Asturias, pero sí reconozco que mi origen está presente de forma transversal en toda la exposición. La idea de la pausa como acto de cuidado, tan central en mi trabajo, nace de una sensibilidad que aprendí en mi entorno asturiano: una forma de mirar lo cotidiano con calma, de valorar lo mínimo y de encontrar sentido en la repetición. Al mudarme a Madrid hace un año, esa mirada sintió la necesidad de ser comunicada frente al frenetismo de la ciudad. Por eso, más que en una pieza específica, mis raíces están en la esencia silenciosa del proyecto.

 

¿Cuál ha sido el mayor desafío personal en tu camino como joven artista asturiano?

Uno de los mayores desafíos ha sido compaginar la creación con mis estudios, un equilibrio que a veces genera confusión y comparación con ciertos artistas o corrientes históricas. Ese ruido puede desorientar el discurso propio y hacer que uno dude de la dirección de su obra. Sin embargo, con constancia y la necesidad real de crear con un motivo, ese conflicto termina convirtiéndose en un referente y no en un obstáculo. A nivel externo, crecer como artista en Asturias implica enfrentarse a menos oportunidades y a un circuito más reducido, aunque en los últimos años se está impulsando con fuerza para aparecer en el mapa nacional.

 

¿Qué crees que necesita Asturias para retener o atraer talento artístico joven como tú?

Asturias ya tiene muchísimo a su favor: una cultura rica, una identidad muy marcada y una belleza que atrae a gente de fuera. El talento existe y el interés también. Pero es lógico que, en un mundo tan complejo como el artístico, muchos jóvenes intentemos empezar donde hay más espacios, más profesionales y más posibilidades de crecimiento. No es una cuestión de falta, sino de escala. Para retener y atraer talento, Asturias solo necesita seguir ampliando sus plataformas, generar más visibilidad y conectar mejor con el circuito nacional. Y, sinceramente, ya se está moviendo en esa dirección.

 

¿Qué te gustaría que represente tu obra en los próximos años? ¿Cuál es tu visión de futuro como joven artista asturiano?

En los próximos años me gustaría que mi obra se convierta en un espacio donde puedan convivir muchas preguntas: sobre cómo vivimos, cómo nos relacionamos y qué nos atraviesa en lo cotidiano. Me interesa la sociología y la idea de que el arte pueda funcionar como un recurso de reflexión, un espejo que devuelva algo de lo que somos sin necesidad de gritarlo. Quiero seguir aprendiendo con calma, sin forzar un estilo solo porque el mercado lo espera. No entiendo por qué sería confuso o mal visto que un artista explore distintas formas de expresión; al contrario, creo que la coherencia nace de la honestidad, no de la rigidez. Mi visión es crecer desde ahí, con libertad y sentido.

 

Mensaje que te gustaría transmitir a la diáspora asturiana.

A quienes estáis construyendo vuestro camino lejos de Asturias, me gustaría recordaros que llevar nuestra tierra dentro no depende de la distancia. Asturias ya tiene una fuerza cultural enorme y una identidad que atrae incluso a quienes no nacieron allí. Pero es lógico que, en un mundo tan complejo como el artístico y el profesional, muchos busquemos espacios donde haya más oportunidades, más diálogo y más movimiento. Aun así, creo que lo valioso es no perder la raíz, seguir conectados con lo que nos formó y, cuando sea posible, devolver algo de lo aprendido. Somos parte de una misma historia, aunque la escribamos desde lugares distintos.