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Artículo de Opinión | «El 5% en defensa es deseable», por Balbino Prieto, fundador Club de Exportadores e Inversores

Rearmarse no implica únicamente la compra y puesta en marcha de nuevos equipos de defensa, sino también el reforzamiento de las capacidades logísticas para un transporte más eficiente de los recursos militares

Si el Gobierno lograra sacar adelante unos nuevos presupuestos generales del Estado, debería tomarse en serio el aumento de la inversión en defensa. Ya no basta con alcanzar el 2% del PIB; lo acordado en la última cumbre de la OTAN, celebrada el pasado mes de junio, compromete a todos los Estados miembros a llegar al objetivo del 5%.

Nos encontramos probablemente ante la coyuntura más peligrosa que ha conocido Europa desde 1945. La amenaza de Rusia es cada vez más tangible. Vladímir Putin ha transformado el sistema productivo ruso en una economía de guerra que fabrica más munición en unos días que todo el bloque comunitario en doce meses. La invasión de Ucrania sigue su curso —va camino ya del quinto año— mientras drones rusos penetran en el espacio aéreo de otros países con el propósito de medir su capacidad de reacción ante un eventual ataque.

El Kremlin cuenta con la ventaja de que puede modificar su política de seguridad en cuestión de horas y sin la presión que el Parlamento y la opinión pública ejercen en los regímenes democráticos. En cambio, los países europeos adolecen de una gran lentitud en la toma de decisiones y, como dice el director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, el general Víctor Bados, «las capacidades militares no se desarrollan de la noche a la mañana; no se puede comprar en un supermercado kilo y medio de misiles».

Urge, pues, que el continente europeo planifique su rearmelogre una mayor autonomía estratégica y reduzca, así, la dependencia militar de Estados Unidos, país que ya no está dispuesto a brindar una protección incondicional a sus aliados del Atlántico Norte.

El riesgo de una agresión por parte de Rusia no se percibe, sin embargo, de forma homogénea en todo el territorio europeo. Los países situados más cerca de Moscú son conscientes de la gravedad del peligro, mientras que desde la península ibérica se observa con menor inquietud, como si la distancia geográfica nos hiciera menos vulnerables. Lo cierto es que Rusia tiene una notable presencia en la zona del Sahel, desde donde puede causar también una gran inestabilidad. Un misil lanzado desde allí tardaría pocos minutos en impactar en suelo español, y una alteración de los flujos migratorios procedentes del norte de África pondría en serios aprietos a España e Italia.

En este contexto, destinar el 5% del PIB a defensa constituye un imperativo por razones de seguridad nacional, pero además puede reportar otros beneficios. Rearmarse no implica únicamente la compra y puesta en marcha de nuevos equipos de defensa, sino también el reforzamiento de las capacidades logísticas para un transporte más eficiente de los recursos militares. En el caso concreto de España, convendría impulsar los corredores ferroviarios del Mediterráneo y del Cantábrico, así como su conexión con las infraestructuras portuarias.

En un escenario de guerra, los puertos españoles servirían como punto de enlace entre Europa y sus aliados externos. La ayuda militar que llegará por vía marítima, una vez descargada, habría que distribuirla por ferrocarril hacia el resto del territorio nacional y hacia el norte de Europa. De ahí la necesidad de contar con una red de infraestructuras intermodal bien articulada y con capacidad suficiente para operar con agilidad y evitar los cuellos de botella en un momento crítico.

Ni que decir tiene que el desarrollo del transporte ferroviario de mercancías resultaría igualmente útil en tiempos de paz, puesto que facilitaría las exportaciones, reduciría el tránsito por carretera (con la consiguiente mejora de la seguridad vial) y contribuiría a disminuir las emisiones contaminantes.

Se puede alegar también que el incremento de la inversión hasta el 5% del PIB dinamizaría la economía española ante la cancelación de los fondos Next Generation y estimularía la industria nacional de la defensa, un sector con un alto componente tecnológico e innovador y con un elevado porcentaje de empleo cualificado.

Ocurre que los poderes públicos no se han preocupado nunca por fomentar la cultura de la defensa en la sociedad española. La mayoría de los ciudadanos ignora las amenazas que nos acechan desde el exterior y desconoce los retos que afrontan las Fuerzas Armadas. De forma simplista, el aumento del presupuesto en defensa se suele asociar con un menoscabo de la financiación de las prestaciones sociales. Pero ¿qué bienestar puede haber donde no hay seguridad?

En otros países de Europa se está reimplantando el servicio militar con carácter obligatorio o voluntario. En España ni siquiera se ha planteado, pero valdría la pena que nuestros jóvenes tuvieran la oportunidad de participar e implicarse en la defensa nacional. El signo de los tiempos aconseja que asumamos nuestras propias responsabilidades y que estemos prevenidos frente a un desafío de naturaleza existencial.

Balbino Prieto

Socio colaborador de Compromiso Asturias y fundador y expresidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles.

El Confidencial

El 9 de octubre de 2025, desde Compromiso Asturias, organizamos un coloquio con jóvenes asturianos residentes en Madrid especializados en este ámbito de defensa y seguridad, en el que subrayaron la necesidad de reforzar la cultura de defensa, avanzar en la reindustrialización europea y posicionar a regiones como Asturias dentro del nuevo ecosistema estratégico de la OTAN y la UE. El rearme no es solo una cuestión militar, sino una oportunidad para impulsar capacidades tecnológicas, atraer talento y consolidar infraestructuras críticas que permitan a España —y al Principado en particular— desempeñar un papel relevante en la seguridad del continente.