El pasado 29 de enero acudí a la jornada “El problema de la vivienda en Gijón” organizada en la antigua escuela de comercio. Este encuentro reunió a numerosos expertos, empresas, administradores y sociedad civil con una mirada nacional e internacional lo cual enriqueció enormemente el debate y las exposiciones.
La vivienda se ha convertido en uno de los principales desafíos para el futuro de muchas regiones de España y también lo es para nuestra Asturias. No se trata sólo de una cuestión urbanística o económica, sino que tiene un impacto social y competitivo que condiciona tanto el desarrollo económico como factor estructural del bienestar dentro del territorio.
Desde Compromiso Asturias XXI trabajamos por un interés general conseguir una Asturias cada vez mejor y ponemos el foco en el crecimiento sostenible y la juventud asturiana como polo y palanca de presente y futuro en nuestro territorio. Como sociedad asturiana debemos priorizar y facilitar el arraigo juvenil para quienes quieren quedarse o volver a Asturias. Un territorio como el nuestro debe poner todas sus capacidades en atraer y retener talento tanto en zonas rurales, que es una elección de estilo de vida, como en las ciudades asturianas. Gijón es ejemplo de la urbe con mayor concentración de población dentro de Asturias.
Volviendo a la jornada, el análisis que allí se hizo abordó el problema desde diversos ángulos y la principal conclusión fue clara: solo la colaboración público-privada inteligente, estable y ambiciosa podrá ofrecer soluciones reales.
Los datos reales compartidos por los expertos son contundentes. Gijón dispone hoy de menos de 400 viviendas en alquiler en todo el mercado, un mínimo histórico que refleja la tensión creciente. La oferta en venta también se ha desplomado: desde 2017 se ha reducido en torno a un 75%, pasando de 2.719 a 1.257 viviendas en 2026. Esta combinación —mucha demanda, poca oferta— explica el incremento de precios y la dificultad de acceso para jóvenes y familias trabajadoras.
Como no se pueden poner puertas al campo el perfil de los compradores, según se destacó durante el debate, se inclina hacia quienes vienen de fuera de Asturias, inversores que buscan seguridad y familias que han pasado del alquiler a la compra gracias a condiciones hipotecarias más favorables.
En la prensa leemos que la previsión de nuevos proyectos —Indra, universidad privada, hospital privado, ZALIA— añadirá otra capa de presión a la vivienda en la ciudad: alrededor de 3.850 empleos nuevos se generarán en los próximos dos años.
Estamos adelantando una emergencia habitacional donde Gijón imitará a otras ciudades que expulsan a la juventud y esto debe abordarse de forma imperativa.
Otro tema que nos ilustró en la jornada fue la intervención de Anselmo Menéndez, subdirector General de Política y Ayudas a la Vivienda del Ministerio para abordar el papel del Estado, donde el Plan Estatal de Vivienda funciona como un paraguas nacional que define instrumentos y recursos, pero su despliegue depende de las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Es decir: el Estado orienta y financia,
pero Asturias y cada municipio son quienes deben aterrizar las soluciones mediante suelo, planeamiento, incentivos, licencias y gestión del parque público.
Desde la perspectiva empresarial, la presidenta de FADE, María Calvo, recordó que la vivienda ya es un asunto económico de primer orden: afecta al crecimiento de las empresas, a la captación de personal cualificado y al mantenimiento del tejido productivo. Insistió en que la vivienda pública por sí sola no puede cubrir ni el 10% de las necesidades reales, lo que convierte la colaboración público-privada en la única vía para crear vivienda asequible en volumen suficiente.
Se remarcó también la urgencia de agilizar licencias, movilizar suelo finalista, ajustar la regulación para dar seguridad jurídica y actualizar el módulo de VPO, que hoy hace inviables muchas promociones protegidas.
Expertos como Santiago Miyares insistieron en que Gijón dispone de suelos estratégicos cuyo desarrollo es decisivo: Plan de Vías, Natahoyo, Jove, áreas industriales en transformación. La lentitud administrativa y la rigidez del planeamiento ralentizan la llegada de vivienda nueva.
Por lo tanto, urge buscar soluciones a estos espacios prioritarios que han sido centro del debate en estos años, necesitamos avanzar.
La intervención de Roberto R. Paraja permitió comparar nuestra situación con uno de los referentes mundiales: Viena, donde más del 50% de la población vive en vivienda pública, cooperativa o subvencionada, financiada mediante un fondo finalista estable. Allí la vivienda es tratada como infraestructura urbana, y los concursos de arquitectura aseguran calidad y eficiencia. No se trata de copiar, sino de comprender la lógica y adaptarla a nuestro entorno: continuidad, escala, mezcla social y control del suelo.
Además, la intervención de Víctor Estrada subrayó la utilidad de la tecnología para anticipar dinámicas del mercado inmobiliario. En este sentido, sería clave que el Observatorio de Vivienda monitorizara de forma sistemática Gijón y otros puntos de Asturias, permitiendo detectar con antelación tendencias y posibles tensiones en precios, oferta o demanda. Un seguimiento estable y actualizado facilitaría la propuesta temprana de medidas y una planificación pública más eficaz.
En definitiva, si queremos que la juventud y la clase media trabajadora puedan vivir, trabajar y quedarse en Asturias, no basta con diagnósticos: necesitamos un acuerdo operativo entre administraciones y sector privado.
La colaboración pública-privada no es una alternativa: es una vía necesaria para producir vivienda asequible a la escala que la sociedad asturiana necesita.
Además, no solo el plan urgente de vivienda es necesario para que los jóvenes se queden aquí, sino también para atraer a aquellas personas que necesitamos, y que solo con una oferta completa —de trabajo, educación, salud, conexiones y vivienda— podremos lograrlo.
Debemos, desde Asturias en general y desde Gijón en particular, liderar esa transformación si queremos ser un lugar atractivo para atraer y retener a nuestros jóvenes, nos jugamos nuestro futuro y la juventud no puede esperar más.

Reyes Ceñal